• Frontera

    Por WASHINGTON CUCURTO

    Frontera

    Imagino la palabra FRONTERA sin imaginarme montañas, ni océanos, ni ríos, ni barcos, ni recetas, ni médicos que dan recetas, ni pastillitas “Soroschi Pild”.

    Imagino lo que ella quiere decir, el “estantecito” que ocupa en mi mente, ¡no!

    Me la imagino desnuda pelada, letra por letra.

    Imagino que soy la palabra FRONTERA y a la vuelta de la esquina hay un extraño esperándome.

    Me imagino palabras “pájaros”, “flores”, “árboles”, “viento”.

    ¡Pongamos!

    Me imagino una ropa, un bollo de ropa, un bollo de ropa girando en el lavadero de la esquina.

    Imagino a mi hijo, ahora en el cole, jugando con sus compañeritos en el patio, tocándole la cola a sus compañeritas y diciendo “tarjeta roja”.

    Me imagino YPF, pero es tan grande, tiene tanto dinero y tantas oficinas que no entra en mi cabeza. Trabajo en una de esas oficinas de los pisos, 56, 57 y miro Montevideo y soy un jefe que no doy órdenes.

    Viene Cristina a visitarme, tomamos mate, leemos las revistas de chimentos. Nos reímos mucho y me felicita.

    “¡Qué divertido es Jorge Rial!”

    ¡Gano re bien!

    Imagino que sueño con la palabra FRONTERA y pienso que puedo escribir un libro de autoayuda a partir de este tema. “Las fronteras imaginarias”, le mandaría de título.

    Imagino un ramo de flores carnívoras que se comen al gato.

    Imagino que cruzo al Paraguay en micro y en la aduana hay una mujer pelirroja buenísima con un jean ajustado que permite presenciar su culo impresionante.

    Imagino que sueño que estoy en Río de Janeiro, con Camila o Florencia o Lorcadia o Cheche o Casiana, o Mandalia, besándonos mientras soñamos cruzar el horizonte monótono, mientras tomamos unas caipirinhas.

    Imagino que soy parte del otoño y puedo subir a los balcones, darles órdenes a las hojas, hablar con los árboles y mirar a las mujeres en la ducha.

    Imagino que ya no peleo con mi hijo.

    Imagino que ya no peleo más con Sunilda.

    Imagino que sueño que vivo en paz y que,

    viajar en bondi

    no es ningún sufrimiento.

    Imagino con espíritu de viajero, que detengo el tren antes de que mueran 500 personas.

    Imagino que sueño que estoy en Harlem y me gusta, en especial las ropas de Los negros.

    ¡Pero todos los talles me van grandes!

    Imagino que recuerdo que Nueva York es una ciudad horrenda.

    Berlin es una gran ciudad.

    Lima es una ciudad con pozos.

    Santiago de Chile es horrorosa como decía Enrique Lhin.

    Imagino que sueño con un campo de margaritas y ahora agarro un yuyito

    y lo chupo y respiro hondo y vuelvo a soñar.

    Imagino que sueño.

     

    Almagro, otoño 2012.

    Por WASHINGTON CUCURTO

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